lunes, 11 de mayo de 2015
El pacto
miércoles, 22 de mayo de 2013
Cristal
jueves, 28 de febrero de 2013
Corre
miércoles, 27 de febrero de 2013
Pequeña Bufona
Fuego
Inspiración
Sueños
domingo, 2 de diciembre de 2012
Demonios
Sombras
sábado, 1 de septiembre de 2012
Realidades Falsas
Mariposa
jueves, 9 de agosto de 2012
Ojos
Esa niña... ¿Era humana? Físicamente lo parecía. Se nos apareció en medio de la noche, con un vestido largo azul, un lazo en su pelo azabache y esos ojos amarillos tan hipnóticos…
El Lago
Voces
sábado, 2 de junio de 2012
Dolor
Una vez impactes contra el suelo, y tus órganos se esparzan por la superficie y quede esa brillante y escarlata mancha de sangre, cuando eso pase, ya nada tendrá importancia...
Calma y Desesperación.
Caos
viernes, 10 de febrero de 2012
Reflexiones nocturnas
Pienso y escribo, dibujo y siento, miro el techo oscuro e imagino, su piel, su rostro, labios, esa sonrisa con la que me saluda, esa mirada con la que me desea. Y todo desaparece y sueño, y todo es real, felicidad, él está a mi lado, me abraza, me besa, acaricia, me susurra “te quiero, pero sabes que esto es un sueño, ¿verdad?” Y todo se derrumba, oscuridad, dolor, lágrimas brotando a borbotones, la rabia se apodera de tu mente y rompe el sueño, y buscas, buscas a esa persona por una nada en la que solo estás tú.
Te despiertas entre sudor, lágrimas y la luz entrando por las rendijas de la persiana, respiras, te calmas y lees tus reflexiones nocturnas y sientes compasión por esas ideas, te odias por pensar eso, vuelves a tumbarte y... oscuridad.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Libertad
Una lágrima resbalaba por mi mejilla, la oscuridad era abrumadora, estaba sola, o no, no lo sé, no veía nada, llegué a hacerme sangre al morderme las uñas.
Una carcajada rompió el ambiente, me sacó de mis cavilaciones, mis ojos se abrieron de golpe, las lágrimas cesaron, y un escalofrío me recorrió la columna, algo me agarró de pies y manos, me inmovilizó, grité, intenté patalear, pero no logré soltarme, sentí un pinchazo en la pierna, repetidas veces, me quemaba la piel, el dolor ascendía por mi venas, por mi cuerpo, se apoderó de todo mi ser. Empecé a convulsionarme, gritos ahogados salían de mi garganta, sudor… ¡Qué agonía!
Lo que me sostenía me dejó libre, podía moverme, pero tenía miedo, mi ropa se había desgarrado, no me atrevía siquiera a parpadear.
Un foco de luz me cegó, caí inconsciente.
No sé cuanto tiempo pasó, segundos, minutos, horas… No lo sé, no tenía nada claro.
La sala estaba iluminada, las paredes eran grises y no había ventanas, sólo tenía ese pequeño fluorescente que zumbaba al estar encendido.
Se abrió una compuerta, dejaron un espejo, agua y pan. Cogí el espejo, ¡no puede ser! ¿Qué me han hecho? Ahora tenía una larga melena azabache, mi piel era azul y escamosa, mis manos… Eran garras, mis ojos estaban bañados en sangre, y mis colmillos eran grandes y amarillentos, era tres veces más alta.
Tiré el espejo a la otra punta de la habitación, me levanté y aporreé la puerta.
-¡¿Qué me habéis hecho!?
La puerta se convirtió en astillas y una alarma empezó a sonar. En un abrir y cerrar de ojos un millar guardias armados se colocaron delante.
Di un paso al frente, temblaron y a uno se le disparó el arma, Habitación a oscuras. Aproveché la ventaja y di zarpazos hasta que volviera la luz.
¡Mierda! Una bala me atravesó el hombro. Mi cabeza empezó a dar vueltas. Me desmayé.
Desperté encadenada a una columna con un guardia apuntándome, tenía un manchón verde en el hombro herido, ¿mi sangre también había cambiado? Bajé la cabeza, el guardia tembló.
-Dispárame y termina con este sufrimiento.
-Negativo, tengo órdenes de mantenerte con vida.
Cerré el puño y di un tirón seco a la cadena. Una descarga eléctrica me sacudió. No podía escapar, estaba condenada a sufrid sus experimentos, a ser un monstruo. He perdido mi libertad.
lunes, 22 de agosto de 2011
Venganza
Empezó a sonar un vals, la cogí por la cintura con un brazo y entrelacé nuestras manos, nos movíamos al compás de la música; ella estaba nerviosa, atenta a nuestros pies, que seguían involuntariamente el sonido que nos envolvía; yo ,al contrario que ella, no le quitaba la vista de encima...
Una vez acabó la pieza musical, le hice girar sobre sí misma y la vendé los ojos, cogí su mano y la guié por las escaleras de caracol hasta una habitación, la tumbé en la cama, la até las manos y los pies a las rejas de la misma, la amordacé y retiré la venda de sus ojos, que tenían una gota de sorpresa e intranquilidad.
Me quité la americana y remangué la camisa, me puse a su lado en la cama y susurré “Te quiero”, desgarré su vestido de un fuerte tirón, me levanté y cogí un cuchillo de la mesa.
Pasé la lengua por el filo y ella se removió, pero no podía soltarse; ahora, era mía, solo mía y podía hacerle pagar por todo el daño que me había hecho.
Una sonrisa se esbozó en mis labios, y el temor apareció en sus ojos, pude saborear ese momento, su debilidad, su miedo, ¡oh qué dulce me pareció!, verla sufrir de esa manera, débil, suplicante, me llenaba de satisfacción...
Acerqué el cuchillo a su estómago, su respiración se aceleró; de un movimiento lento la hice un corte, gritó, la sangre se reflejaba en mis oscuros ojos, me relamí, la sonrisa no se borraba de mis labios; repetí el acto, pequeños cortes, insignificantes, pero dolorosos. Las lagrimas afloraron en sus ojos, al fin pagó por todo lo que me había hecho sufrir.
Y yo, sonriendo, lleno de placer, victorioso, satisfecho de mi venganza, ¡oh dulce venganza! Deshice los nudos que la sujetaban y le quité la mordaza, le di un beso en la frente, cogí un poco de su sangre y escribí en la pared “Yo la amaba”, en aquel momento sentí un dolor punzante en el pecho, miembros, los sentía inmóviles, miré hacia abajo y la vi a ella, con su mano ensangrentada atravesándome el pecho, justo por donde el corazón, sus labios esbozaban una mueca de odio y rencor, tiró, llevándose mi corazón con ella y susurró “Ya no lo necesitarás más”, apretó el puño y rompió mi corazón en pedazos. Me desplomé al suelo.
Ella encontró el descanso eterno, yo, al contrario fui condenado a una existencia sin el éxtasis del amor, fui errante, sin sentimientos, esperando a un sino que no llegaría; quería reunirme con ella, pero ya no tenía alma, no era más que un ente sin emociones...
