lunes, 11 de mayo de 2015

El pacto

-¿Algo más que añadir? - Dijo el diablillo con tono burlón.

Un diablillo enfundado en un traje negro, chascando los dedos a ritmo de jazz, reclinando su silla hacia atrás.

-Si, un poco de azúcar en el café. - Contestó la dama.

Una mujer joven, con una larga melena rizada y pelirroja, que llevaba puesto un vestido blanco largo e iba descalza.

Cruzaron sus miradas durante unos infinitos segundos de tensión, y todo se desvaneció.

Se despertó tirada en el lecho de espinas, dolorida, magullada y empapada en sudor; el chamán la observaba curiosamente mientras recogía la sangre negra que había desprendido en el proceso, acto seguido la echó en la marmita.

Un humo verde brotó de repente. Los envolvió.

Cientos de imágenes de catástrofes, un reinado de horror, caos y pánico acecha el mundo.
Una risa de victoria, llena de maldad, tronó.

-¿Qué has hecho? - Le increpó el chamán con tono nervioso.

La dama se levantó hábilmente y corrió desesperada hacia las profundidades del bosque.


Corrió hasta desfallecer...

miércoles, 22 de mayo de 2013

Cristal

Esas palabras resuenan en mi cabeza. Ya no sabes qué hacer, tu mente se nubla, pero todo eso sigue ahí, susurrándote para que no dejes de llorar. Nuevos demonios vienen a ocupar el lugar de aquellos viejos que marcharon, recordándote que todo lo que te rodea es oscuridad, que las espinas no dejan de crecer a tu alrededor, las lágrimas las harán crecer, y la soledad te acompañará en todo momento. Caminarás solo, sangrando, envuelto en las espinas que los demonios plantaron para recordarte el dolor, para que las lágrimas no se agoten. Lágrimas que forman un gran globo de cristal, donde se guardan todos tus sueños, cada esperanza, cada alegría, cada sonrisa. Un frágil globo de cristal que ves ascender, te quedas anonadado por su belleza y elegancia, y lo quieres atrapar, rozar con tu mano. Y el frágil globo de cristal se rompe en mil pedazos, sueños rotos, que si los intentaras juntar de nuevo, ya no darían sentido a nada. Y vuelves a llorar, las espinas se cierran y te atrapan cada vez más. Los demonios bailan felices al son de tu llanto, bañándolo todo de una terrible oscuridad.

jueves, 28 de febrero de 2013

Corre


Todo el mundo está corriendo hacia ninguna parte, no sabes por qué, corres, te pierdes en la marea, das la vista atrás, tropiezas, caes, y nadie te ayuda a levantarte.

El mundo se rompe, el fuego ha estallado, confusión, caos, una avalancha de gente gritando, corriendo, llorando…

¡Huye! ¡Sálvate! Todo está roto, ya no se puede arreglar.

Sálvate de la cruel persona en la que estás convirtiendo, sin sentimientos, sueños o pasiones.

¡Corre!

miércoles, 27 de febrero de 2013

Pequeña Bufona


Pequeña bufona del Diablo, danzas sin cesar chiscando los dedos, hipnotizando mi alma y acongojando mi corazón.

Ennegreces el suelo que pisas, con una sonrisa dibujada en el rostro y esos brillantes ojos que enmudecen mi alma.

Haciéndome soñar con verte una vez más, con recurrir a ti para calentar mi mundano cuerpo.

Quiero saciar el anhelo de contemplarte, ver mover tu colorido cuerpo; cada aparición es de distinto matiz: rojo, naranja, amarillo, azul, verde… Cambias continuamente, pero te reconozco.

Iluminas mi rostro con tu burlesco baile. Me fascinas, tan pequeña y juguetona, tan alegre y animada, tan dañina y tan necesaria…

Dulce y rebelde llama huída del infierno, donde el fuego reina, permítame dejar de sucumbir al deseo por poseerla, por verla danzar una vez más, por rodearme por su calidez.

¡Qué alguien apague la llama que alimenta mi dolor!

Fuego


Ha empezado el fuego, el caos reina, la tormenta estalla  y todo carece de importancia.

Corre, grita, lucha, el tiempo se acaba, no mires el pasado, no volverá, dejaste todo atrás, y ahora estás envuelto en las llamas de pasión, rebeldía, de todo y de nada.

Te aturde la avalancha de emociones. Encendiste la mecha, perdiste el control, el caos sucumbe a tu mente.

La excitación se percibe en tu mirada, el fuego se extinguió te dejó inconsciente en el suelo después de perturbar tu mente, se fue y te dejó el añoro, el anhelo de más.

Ahora solo el fuego podrá alimentar el ansia de tu corazón.

Inspiración


Valor, Poder y Sabiduría.

Ha regresado entre la lluvia, Ella, tan dulce, tan perfecta, dando luz a cada paso.

Me excita su presencia, mi mente vuela, Ella, tan bella, tan sensual, haciéndome recordar el tacto de sus manos, el sonido de su risa, la fragancia de su pelo…

Me pierdo en el azul de sus ojos, verdes con la luz, grises con la pena y negros con el dolor.

Hace que solo piense en escribir para Ella, ilumina mis noches más frías, dando calor mientras la pluma baña con tinta el papel y las estrellas danzan alrededor de la luna en su manto de negrura.

No puedo dejar de pensar en ella, no borro su recuerdo de mi mente.

Mi musa, mi amor, mi anhelo, mi fuente de inspiración, dulce bella, risueña, pero triste y melancólica como una rosa en un campo de espinas.

Ella es la dueña de mis reflexiones más profundas, aquellas que nacieron en mi corazón y fueron corrompidas por el hielo de mi alma.

Solo Ella es capaz de hacerme escribir, su ausencia me destroza y su presencia me enamora.

Sueños

Sueños… Inalcanzables, efímeros, ilusorios… Sueños… Cosas intangibles, ideas que vuelan por las mentes, colorean la tétrica visión de la vida, dan esperanzas y fuerzas para seguir.

Son dulces, bonitos, tiernos, pero tienen un lado oscuro, solo son sueños, no todos se podrán cumplir, ilusiones, y si alguno desapareciese, dejaría un vacío que jamás nada podrá llenar.

Duele la pérdida, te desmotiva, te hunde en la tristeza y te atrapa entre sus garras de oscuridad.

Pero, una calidez puede colarse por las rendijas y devolverte la sonrisa, la paz, pues aún quedan más sueños por cumplir llenos de esperanza.

Pero no olvidar no caer en las entrañas de la desesperación y seguir soñando.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Demonios


Llovía, el cielo estaba realmente negro, las nubes cubrían todo con su manto gris, el día no podía ser más oscuro y frío.

Me encontraba sentada sintiendo resbalar las gotas por mi pelo mientras observaba el río correr, no podía dejar de llorar, no había nada en mi cabeza que pudiera consolarme, me sentía sola, como si nada hubiera ya en este mundo, como si nadie necesitase de mi, a nadie le importase…

Oía el ruido de los pasos de la gente tras de mi, coches, ese bullicio constante de la ciudad, pero todo estaba muerto para mi. Nada era valioso ni importaba, sólo lágrimas en la lluvia, algo tan efímero y tan carente de sentido, sólo dolor, pena, maldecía mi suerte y mientras la lluvia helaba mis huesos.

La tristeza hacía palpitar mi pecho con un fuerte dolor punzante, me costaba respirar, no podía con la idea de que todo se acabase, sentí el pánico nublando mi mente…

Saqué el móvil del bolsillo para llamarle, pero los nervios me jugaron una mala pasada y resbaló de entre mis dedos. Dejé la mochila a un lado y bajé entre las rocas a por él.

Las gafas se habían empañado a causa de mi respiración agitada, y la lluvia no me dejaba ver, pisé en un mal sitio y resbalé. Me dolía horrores la pierna, vi el móvil caído bajo los maderos, lo alcancé y volví a subir.
Esta vez me senté en las escaleras y dejé pasar el tiempo… Al poco vi pasar por un puente cercano a unas figuras familiares y acto seguido un chico bajó a rescatarme, me abrazó y consoló, me enseñó esa luz que tanto ansiaba, aunque no sabía que mis demonios volverían, estaba mejor, por ahora…

Sombras


¿Te has planteado alguna vez si lo que haces es lo correcto? ¿Si todo tiene sentido? ¿Si vale la pena arriesgarse?

No sabes por qué pero no estás cómodo, tienes miedo, y el pánico te rodea, todo cobra un aire trágico.
Sólo vives porque has de hacerlo, ya todo da igual, si pudiera seguir adelante con lo que quiero hacer, con mis metas, mis ideas, pero no puedo, hay un muro y no puedo escalarlo.

El cielo se oscurece y llueve, los ángeles gritan de dolor, la oscuridad te abruma, todo empeora.
Dolor, miedo, frío, todo se arremolina a tu alrededor, te puede la confusión, sientes por dentro fuego, un quemazón que te pudre por dentro.

Las lágrimas empiezan a brotar de tus ojos, la piel te escuece, el corazón late y sientes que se va a escapar de tu pecho, no aguantas la presión, te derrumbas, el aire te falta, sientes un cosquilleo por tu cuerpo, un sudor frío por la nuca, el miedo se apodera de tu mente.

Dejas de oír los gritos, los aullidos de pena, la lluvia cesa, la luz regresa, pero tú ya estás perdido, ya no volverás, has caído y ya no podrás regresar, en tu mente sólo hay oscuridad, no eres capaz de ver la luz.

Te has perdido entre las sombras.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Realidades Falsas

Rota, desubicada, perdida, sola... Como si estuviese en un mar de nubes bañadas en una cálida luz dorada.... Sabes que en cualquier momento podrías caer, de hecho igual ya has caído pero no sabes nada, solo flotas, solo te dejas perder entre su inmensidad, la bóveda azul te hace imaginar.... La soledad es abrumadora, solo quieres caer pero al mismo tiempo estás tan agusto entre las olas blancas... Quieres arriesgarte y mirar abajo, pero... Tienes miedo a lo que puedas ver... A la caída o a darte cuenta de que, todo esto es un sueño, una pesadilla... Soledad.... Una soledad de la que no quieres huir, te acurrucas en ella y no piensas en nada... Todos tus temores se arremolinan y entre la confusión se pierden, solo queda esa terrible sensación de tranquilidad.... La paz que precede a la tormenta... Sabes que tienes que salir de ahí, pero no quieres, con las nubes creas una fortaleza, una coraza donde solo estás tú, bajo la encapotada bóveda celeste... Un mar de soledad y desesperación, pero es todo lo que tienes.... Eres feliz entre tu tristeza... Sientes que es tu salvación.... Pero realmente te estás destruyendo.... ¿Cuál es el fruto de tus temores? Lo mismo que te da esperanza... Si no te arriesgas, no sabrás si caerás, como crees que vas a hacer o.... Volarás... Nunca desplegaste tus alas por miedo a no poder volar... Lo único que has hecho es encerrarte entre tus miedos más profundos, los has convertido en la jaula que te impide ver la verdad.... Esa claridad que veneras, ese manto blanco donde te has aposentado, se ha vuelto tu cárcel, has plantado la tristeza, y la has alimentado con soledad y auto compasión... Olvidando enterrado ahí tus sueños más dulces, aquellos que nacieron en tu corazón.... Donde se han perdido y las espinas los han corrompido, volviéndolos oscuros, tristes y marchitos.... Lo has perdido todo por tus inseguridades, pero, aún así... Sigues alimentando la tristeza, sigues envolviéndote entre las espinas que han brotado, porque tú crees que estás en un mar blanco, coloreado por una cálida luz, pero no...Ese mar... Ese manto... Está lleno de recuerdos... De espinas que te hacen daño, pero no quieres salir... La luz es fría....Oscura pero brillante.... Y las espinas no hacen más que enredarse entre tu cuerpo inmovilizándote... Haciéndote daño... Pero no quieres salir... Tú te sientes bien creando un mundo de realidades falsas...

Mariposa


Una dulce y pequeña niña de piel pálida como el mármol, ojos dorado como la miel, cabello largo, castaño ondulado, lleno de tirabuzones, y un precioso vestido lila jugaba sola, alegre con su muñeca de trapo; una mariposa se posó en una flor, la criatura fascinada por la belleza del insecto, se acercó, este salió volando, y la niña lo siguió, riendo, atraída irresistiblemente por su encanto. El sol rozaba las mejillas sonrojadas de la niña, y hacía brillar con resplandor la mariposa.
Sin darse cuenta, la niña se adentró dentro de un bosque, un bosque que los habitantes de los alrededores temían, todo aquel que entraba, se volvía loco, consumido por su propia amargura. O eso decían las leyendas, nadie se sentía con valor suficiente como para caminar entre sus árboles carcomidos y plantas marchitas.
La pequeña siguió corriendo tras la mariposa hasta el mismísimo corazón del bosque, sin darse cuenta siquiera que las horas pasaron. Llegó a un recogido claro, donde tropezó con una rama y su vestido se embarró, entonces la mariposa se posó en una rosa negra y su belleza desapareció, volviéndose oscura y triste.
La niña se levantó desorientada, se dio cuenta que no sabía dónde estaba, ¿cuán lejos se habría ido? Miró atrás asustada, el bosque parecía mucho más espeso que cuando se adentró en él, la oscuridad que la rodeaba la atemorizaba. Le fallaron las rodillas y calló desplomada entre lágrimas al suelo, se acurrucó en su sucio vestido.
La rosa empezó a brillar, y cientos de espinas empezaron a rodear a la indefensa niña, alimentándose de su miedo, de su tristeza, de su soledad. Ella intentó gritar y escapar, pero… Su voz se perdió entre la maleza y las espinas estaban demasiado afiladas. Cada vez la jaula punzante que la rodeaba era más pequeña. Lloró durante interminables horas sola. Hasta darse cuenta que no valía para nada llorar, cogió su muñeca de trapo y siguió jugando durante la eternidad.
Los habitantes del pueblo donde residía la joven la buscaron durante años. No apareció, y ninguno se atrevía a entrar en el bosque marchito. Acabaron olvidándose de ella y de su historia. El viento se llevó su recuerdo junto al llanto de sus seres más queridos. El pueblo prosperó, se hizo más grande, una ciudad amurallada, llena de comercio y turismo.
Pasaron los meses, el frío se apoderó del lugar, la nieve cubrió con su gélido manto la tierra, y un remoto día, un chico, un joven caballero, alegre, jovial, vestido con ropajes oscuros, melena al viento y sonrisa pícara, llegó al lugar, una ciudad donde se hallaba un bosque perdido en la tristeza. Este chico, fue encandilado por la curiosidad, preguntó acerca del bosque, de su historia. Nadie le respondía, habían olvidado porqué nadie se adentraba, todos tenían miedo. Insatisfecho con el resultado insistió durante largas horas, hasta que, una anciana ciega que solía vender libros recubiertos de polvo, le contó lo que él tanto ansiaba. Todo aquel que se adentrara saldría herido, no físicamente, si no emocionalmente, roto, dolido, embaucado por una tristeza de la que no se desharía jamás. El joven extrañado, le preguntó si alguien había conseguido volver bien y ella le contestó que no, todos decía haber visto atrocidades tan grandes que no podrían volver a sonreír, algunos incluso prefirieron morir a seguir recordando tales cosas. El ansia por saber de estos sucesos, le hizo buscar más información. Acabó llegando a sus oídos la historia de una niña desaparecida, gente que afirmaba que había sido raptada, matada o incluso podía haberse adentrado en el bosque y no salir jamás, cosa que nadie soportaría, quedarse allí, con todas las aberraciones que hay… Era imposible.
El joven enfundó su espada, se envolvió en su capa y, haciendo oídos sordos a las advertencias de los ciudadanos, decidió avanzar hasta las profundidades del bosque.
Todo a su alrededor estaba muerto, marchito, oscuro y frío, la nieve no había podido penetrar entre la arboleda tan espesa y todo estaba embarrado. Durante horas estuvo cortando ramas dejando un camino que a su paso volvía a cerrarse, extrañado decidió no volver a mirar atrás. Escuchaba susurros de voces llorando, pidiendo clemencia y suplicando ayuda, veía zonas bañadas por charcos de sangre, y espíritus danzando tristemente entre la maleza. Exhausto y sin que sus pies ya no pudieran dar un paso más, decidió parar, sentarse, beber, comer y recuperar fuerzas, pero entonces sus ojos captaron un resplandor violáceo a lo lejos, con su último aliento siguió caminando. Parecía estar más cerca de lo que realmente estaba, sacó fuerzas de la nada y no paró. En la distancia, le pareció que sus oídos eran inundados por una risa, una risa que se tornaba triste y melancólica. Sonrió con esperanza y el barro se arremolinó a sus pies, impidiéndole avanzar. Con empeño siguió adelante, no iba a dejar que esa niña siguiera aquí sola, quería ayudarla, hacer que volviese, hacerla feliz. Las ramas cobraron vida y cerraron su paso, interrumpiendo su visión y la luz que le guiaba hacia ella. Desenfundó su espada y cortó las ramas, siguió caminando, decidido, con la cabeza alta.
Cuando llegó al claro, se sorprendió al ver que esa zona del bosque no estaba marchita, había sido coloreada de preciosas rosas rojas, la hierba era verde, un verde muy vivo, estaba todo repleto de mariposas pululando de flor en flor. Pero, en el centro del claro, había una cúpula de espinas, de ella emanaba la luz violeta y la risa tan melancólica que inundaban el claro. Intentó acercarse, las mariposas se empezaron a revolver, no querían que llegara hasta ella, no querían que les quitara la fuerte de su mundo. A duras penas llegó hasta la cúpula, donde haciendo palanca con la espada rompió unas cuantas ramas repletas de espinas; volvió a intentarlo, pero esta vez su espada partió. No quería darse por vencido, todo el esfuerzo que había puesto para llegar hasta ahí no iba a ser en vano. Puesto que su espada no iba a poder ayudarle, usó sus propias manos, sus guantes de cuero no resistieron las espinas y empezó a brotar un pequeño reguero escarlata mientras rompía las ramas para llegar hasta la pequeña, allí estaba ella, inconsciente, riendo con la cara repleta de lágrimas.
Observó su infantil belleza, y con cuidado la levantó, la sujetó con fuerza pero con delicadeza, dio media vuelta y se dio cuenta que las flores se habían marchitado y la hierba desaparecido, todo volvía a ser marrón, todo volvía a ser triste. También notó que la dulce niña que sostenía entre sus brazos, ya no era tan pequeña, ni tan niña, era una joven. ¿Cuánto tiempo llevaba la chica encarcelada en el tiempo?
Recorrió el camino de vuelta con ella en brazos, asombrado por su belleza. Una vez en la linde del bosque, el reflejo del sol en la nieve despertó a la joven. Esta asombrada, se revolcó y calló de los brazos del chico. Asustada retrocedió arrastrándose entre la nieve. El chico le dedicó una dulce sonrisa y le tendió la mano. Le explicó lo sucedido y ella decidió contarle su historia.
Volvieron juntos de la mano a la ciudad con una sonrisa dibujada en el rostro. Los habitantes no podía creerse que un chico como aquel, hubiera logrado semejante hazaña, y menos aún que la pequeña niña que desapareció hace tanto tiempo siguiese viva, sí, la misma que todos aquellos había olvidado.
La anciana, al reconocer la alegre voz del joven no daba crédito a lo que oía, decía que sus oídos la engañaban. Aseguraba que él no podía ser humano, que ningún ser humano podía salir intacto de aquel endemoniado lugar, y que ella era la hija del demonio, sobrevivir encerrada allí… Recogió su puesto y se alejó de ellos mientras gritaba improperios
La chica, viendo que ya no le quedaba nada allí, decidió irse a conocer otras tierras, a mantener viva su infantil curiosidad. Él como caballero, decidió acompañarla en su viaje. Juntos recorrieron todos los recónditos lugares de la tierra, visitando zonas encantadas y lugares fantásticos, conociendo gentes amables y llevando su historia por todas las regiones.

jueves, 9 de agosto de 2012

Ojos


Sus ojos me miraban fijamente, tenían una expresión curiosa, era tan dulce… Esbozó una leve sonrisa, nos ofreció una mano a cada uno, intercambiamos una fugaz mirada, sin titubear, él agarró su mano, le imité. Sus ojos se tornaron blancos, toda la inocencia y dulzura que desprendía al principio esa pequeña niña, se había desvaneció, la sonrisa se tornó maléfica; no podíamos soltarnos, nos agarraba demasiado fuerte, tiramos, pero no servía de nada. Una pequeña descarga sacudió mi cuerpo y caí en el acto.

Me desperté en la esquina de una habitación, contra la pared, estaba completamente sola. No sabía nada de esa niña ni de mi amigo. La habitación era espaciosa, pero gris y lúgubre, tenía un pequeño ventanuco por donde entraba una pequeña luz. Me acerqué y miré a través de él, pude observar cómo la pequeña y dulce niña se había vuelto monstruosa, estaba ensangrentada,tenía garras en vez de manos, sus ojos se había vuelto completamente negros, su respiración era agitada; toda la inocencia que tenía en un principio desapareció. 
Cuando se dio cuenta de mi presencia corrió hacia el ventanuco, metió los brazos, retrocedí atemorizada. La estancia donde me encontraba empezó a menguar, y la criatura rompió la pared hasta llegar ante mi, de un zarpazo desgarró mi cuerpo y devoró todo mi ser.
 Esa niña... ¿Era humana? Físicamente lo parecía. Se nos apareció en medio de la noche, con un vestido largo azul, un lazo en su pelo azabache y esos ojos amarillos tan hipnóticos… ¿Dónde estaría mi amigo? 

El Lago


El reflejo de la brillante luna en el oscuro lago era hipnotizante, sentadas en la orilla, ella fija en la nada acariciándome la melena. Me apoye en su hombro y se despertó de su ensoñación. Me Abrazó fuerte como si mañana no hubiese.
-Sandra, te quiero, nunca me dejes. – Me susurró con su melodiosa voz.
-Tranquila, estaremos juntas para siempre.
Nos fundimos en un dulce beso lleno de pasión.
-Me apetece un baño nocturno.- dijo mientras se acercaba a el agua.
-Yo te espero aquí.
Se quitó el vestido y se zambulló en el agua.
Cogí la cámara y continué haciendo recuerdos de este maravilloso fin de semana en el lago.
De pronto, una luz salida del fondo del lago atrapó a Marina y se la llevó consigo. Me Levanté velozmente, grité su nombre, no contestó. Nerviosa, me tiré con ropa y todo al agua. Nadé, buceé, la busqué por todo el lago. Salí y seguí buscando por los alrededores. Cesé en la fallida búsqueda.
Mi amada Marina... ¿Dónde estás? 

Voces


Un susurro tronaba en mis oídos, inaguantable, me estaba volviendo loco. Subía el tono, lo bajaba, repetía sin cesar, una y otra vez... ¡Qué alguien lo pare! No dejaba de sonar, día tras día lo mismo, noches sin poder dormir, ¡callad esa voz! ¡Calladla!
No sabía de dónde provenía, simplemente la escuchaba repitiendo las mismas palabras constantemente. No hacía caso a la voz, no, no debía ¿y si así cesaba? No, no...
Me miré en el espejo: ojeras, ojos rojos y llorosos, el pelo revuelto, la piel blanquecina, los labios agrietados, la ropa sucia y sudada, los huesos, las costillas, se me notaban... Era un cadáver, la viva imagen de un muerto. No, no... Solo era un demente más en este insano mundo...
Llamé a la vecina de arriba, una joven hermosa que estudiaba recientemente en la universidad. Bajó con un precioso vestido blanco y su larga y lujuriosa melena negra recogida en un moño.
La hice pasar hasta el salón. La pedí que cerrase los ojos y juntase las muñecas y los tobillos. Agarré una soga y la até. Ella lo veía como un simple juego; pero era más que eso... La voz no cesaba, y cada vez hablaba con mayor intensidad:
 “¡Qué la matanza comience!”
La dejé inconsciente de un golpe seco en la cabeza y la tumbé en el sofá. Cogí una pistola: tres tiros en el corazón. Su vestido se tiñó escarlata y el color rosado de sus mejillas se fue apagando...
Las voces se esfumaron por ahora con una risa maléfica. Al fin podría dormir tranquilo, pero tenía que volver a huir de la ciudad. Nuevo nombre, nuevo hogar, nuevas voces, nueva victima...
¿Cuántas vidas he de segar para que mi tormento cese?

sábado, 2 de junio de 2012

Dolor

Caes, el viento silba entre tus cabellos, la tierra se precipita, todo cobra un sentido diferente, la velocidad te aturde, las lágrimas resbalan de tus ojos, te olvidas de todo.
Una vez impactes contra el suelo, y tus órganos se esparzan por la superficie y quede esa brillante y escarlata mancha de sangre, cuando eso pase, ya nada tendrá importancia...

Calma y Desesperación.


¿Alguna vez has querido desaparecer? ¿Perder tu memoria en el olvido y dejarte naufragar en el mar de la nostalgia? ¿Dejar de ser quien eres?
La paz que quedaría en tu mente, sin arrepentimientos, ni sentimientos punzantemente dolorosos, tranquilidad, como un cuerpo sin alama, flotando ligero sobre el agua clara, sintiendo el vaivén de las olas y las hojas de los sauces resbalando por tu húmeda piel, el pelo enredado entre los rayos de sol que se reflejan en la orilla.
Calma y desesperación. Caos y entropía.

Caos

Las palabras se arremolinaban en mi cabeza, precisas, listas para ser dichas, pero ni un suspiro se escapaba de entre mis labios. El caos reinaba, la paz se había extinguido, estaba inmóvil, con la cabeza gacha, mientras esas palabras iban y venían, se formaba aquella frase exacta, perfecta, pero que no era capaz de expresar. Él me observaba con los ojos llorosos, fijos en mi, esperando algo que no era capaz de darle, apartó la vista, se dio media vuelta y se fue. Cuando estaba a unos pasos largos de distancia, las palabras tan caóticas, se unieron en un conjunto armónico y salieron disparadas cual balas de mis labios: “Te amo” 

 Final a) Paró en seco, dudó unos segundos, con las lágrimas saliendo a borbotones de sus ojos, se giró hacia mí y corrió a abrazarme. 

Final b) Pero ahora ya era demasiado tarde, él no me escuchaba, mis rodillas cedieron, me desplomé, las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Le había perdido.

viernes, 10 de febrero de 2012

Reflexiones nocturnas

Hay noches en la que no puedo conciliar el sueño y pienso, pienso en por qué cando todo está bien, tiene que pasar algo y estropearlo, pienso en por qué todo es tan difícil y al mismo tiempo tan sencillo, pienso en cuánto parece un milímetro a los ojos enamorados, una gran llanura de desesperación, de falta, el anhelo eterno de sus caricias... Pienso en el brillo de unos ojos al llorar y en la tristeza de unos labios esperando una respuesta, un instante realmente efímero, que parecen siglos, siglos de dolor y dudas.
Pienso y escribo, dibujo y siento, miro el techo oscuro e imagino, su piel, su rostro, labios, esa sonrisa con la que me saluda, esa mirada con la que me desea. Y todo desaparece y sueño, y todo es real, felicidad, él está a mi lado, me abraza, me besa, acaricia, me susurra “te quiero, pero sabes que esto es un sueño, ¿verdad?” Y todo se derrumba, oscuridad, dolor, lágrimas brotando a borbotones, la rabia se apodera de tu mente y rompe el sueño, y buscas, buscas a esa persona por una nada en la que solo estás tú.
Te despiertas entre sudor, lágrimas y la luz entrando por las rendijas de la persiana, respiras, te calmas y lees tus reflexiones nocturnas y sientes compasión por esas ideas, te odias por pensar eso, vuelves a tumbarte y... oscuridad.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Libertad

Una lágrima resbalaba por mi mejilla, la oscuridad era abrumadora, estaba sola, o no, no lo sé, no veía nada, llegué a hacerme sangre al morderme las uñas.

Una carcajada rompió el ambiente, me sacó de mis cavilaciones, mis ojos se abrieron de golpe, las lágrimas cesaron, y un escalofrío me recorrió la columna, algo me agarró de pies y manos, me inmovilizó, grité, intenté patalear, pero no logré soltarme, sentí un pinchazo en la pierna, repetidas veces, me quemaba la piel, el dolor ascendía por mi venas, por mi cuerpo, se apoderó de todo mi ser. Empecé a convulsionarme, gritos ahogados salían de mi garganta, sudor… ¡Qué agonía!

Lo que me sostenía me dejó libre, podía moverme, pero tenía miedo, mi ropa se había desgarrado, no me atrevía siquiera a parpadear.

Un foco de luz me cegó, caí inconsciente.

No sé cuanto tiempo pasó, segundos, minutos, horas… No lo sé, no tenía nada claro.

La sala estaba iluminada, las paredes eran grises y no había ventanas, sólo tenía ese pequeño fluorescente que zumbaba al estar encendido.

Se abrió una compuerta, dejaron un espejo, agua y pan. Cogí el espejo, ¡no puede ser! ¿Qué me han hecho? Ahora tenía una larga melena azabache, mi piel era azul y escamosa, mis manos… Eran garras, mis ojos estaban bañados en sangre, y mis colmillos eran grandes y amarillentos, era tres veces más alta.

Tiré el espejo a la otra punta de la habitación, me levanté y aporreé la puerta.

-¡¿Qué me habéis hecho!?

La puerta se convirtió en astillas y una alarma empezó a sonar. En un abrir y cerrar de ojos un millar guardias armados se colocaron delante.

Di un paso al frente, temblaron y a uno se le disparó el arma, Habitación a oscuras. Aproveché la ventaja y di zarpazos hasta que volviera la luz.

¡Mierda! Una bala me atravesó el hombro. Mi cabeza empezó a dar vueltas. Me desmayé.

Desperté encadenada a una columna con un guardia apuntándome, tenía un manchón verde en el hombro herido, ¿mi sangre también había cambiado? Bajé la cabeza, el guardia tembló.

-Dispárame y termina con este sufrimiento.

-Negativo, tengo órdenes de mantenerte con vida.

Cerré el puño y di un tirón seco a la cadena. Una descarga eléctrica me sacudió. No podía escapar, estaba condenada a sufrid sus experimentos, a ser un monstruo. He perdido mi libertad.

lunes, 22 de agosto de 2011

Venganza

Oía el resonar de sus tacones en la sala, se acercaba con rapidez; intentaba parecer sereno, aunque mi sonrisa me delataba, apareció por el arco de la puerta, nuestras miradas se cruzaron y sus mejillas se volvieron color manzana; se acercó y le di un beso en la frente, titubeaba en todos mis actos, pero ella no sabía interpretar mi nerviosismo y eso era un punto a mi favor.
Empezó a sonar un vals, la cogí por la cintura con un brazo y entrelacé nuestras manos, nos movíamos al compás de la música; ella estaba nerviosa, atenta a nuestros pies, que seguían involuntariamente el sonido que nos envolvía; yo ,al contrario que ella, no le quitaba la vista de encima...
Una vez acabó la pieza musical, le hice girar sobre sí misma y la vendé los ojos, cogí su mano y la guié por las escaleras de caracol hasta una habitación, la tumbé en la cama, la até las manos y los pies a las rejas de la misma, la amordacé y retiré la venda de sus ojos, que tenían una gota de sorpresa e intranquilidad.
Me quité la americana y remangué la camisa, me puse a su lado en la cama y susurré “Te quiero”, desgarré su vestido de un fuerte tirón, me levanté y cogí un cuchillo de la mesa.
Pasé la lengua por el filo y ella se removió, pero no podía soltarse; ahora, era mía, solo mía y podía hacerle pagar por todo el daño que me había hecho.
Una sonrisa se esbozó en mis labios, y el temor apareció en sus ojos, pude saborear ese momento, su debilidad, su miedo, ¡oh qué dulce me pareció!, verla sufrir de esa manera, débil, suplicante, me llenaba de satisfacción...
Acerqué el cuchillo a su estómago, su respiración se aceleró; de un movimiento lento la hice un corte, gritó, la sangre se reflejaba en mis oscuros ojos, me relamí, la sonrisa no se borraba de mis labios; repetí el acto, pequeños cortes, insignificantes, pero dolorosos. Las lagrimas afloraron en sus ojos, al fin pagó por todo lo que me había hecho sufrir.
Y yo, sonriendo, lleno de placer, victorioso, satisfecho de mi venganza, ¡oh dulce venganza! Deshice los nudos que la sujetaban y le quité la mordaza, le di un beso en la frente, cogí un poco de su sangre y escribí en la pared “Yo la amaba”, en aquel momento sentí un dolor punzante en el pecho, miembros, los sentía inmóviles, miré hacia abajo y la vi a ella, con su mano ensangrentada atravesándome el pecho, justo por donde el corazón, sus labios esbozaban una mueca de odio y rencor, tiró, llevándose mi corazón con ella y susurró “Ya no lo necesitarás más”, apretó el puño y rompió mi corazón en pedazos. Me desplomé al suelo.
Ella encontró el descanso eterno, yo, al contrario fui condenado a una existencia sin el éxtasis del amor, fui errante, sin sentimientos, esperando a un sino que no llegaría; quería reunirme con ella, pero ya no tenía alma, no era más que un ente sin emociones...